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Instituto Internacional de Guitarra Flamenca · Fundación Manolo Sanlúcar
Manolo SanlúcarInstituto · IMS

Palabras del Presidente · Juan Carlos Romero

La antorcha
del Maestro

El hecho de que un artista de la talla de Juan Carlos Romero esté al timón del Instituto Manolo Sanlúcar no es una casualidad, sino parte del plan del Maestro que, preocupado por el futuro del flamenco en la última etapa de su vida, ideó una institución de enseñanza dedicada a este género, una Escuela sin precedentes, la verdadera referencia de este arte a nivel mundial. Evidentemente, para encabezar un proyecto de estas características, había que elegir a una persona extraordinaria, como artista y pedagogo, con una ejemplar trayectoria tanto dentro como fuera de los escenarios; una persona inteligente, disciplinada, elocuente y, sobre todo, un discípulo del Maestro, formado y cultivado por él mismo. Un discípulo a quien pasar la antorcha. Un auténtico visionario. Y el Maestro tenía muy claro desde el principio quién tendría que ser esta persona.

Además de ser un genio del flamenco, el Maestro Sanlúcar era un pedagogo extraordinario, lo que atestigua una larga lista de ilustres discípulos. ¿Qué diferencia a un maestro extraordinario de uno que no lo es? Un maestro mediocre intenta convertir a un alumno en una copia pálida de sí mismo. Un pedagogo por la gracia de Dios fomenta cuidadosamente la personalidad propia de su discípulo, haciéndolo valer por sí mismo, desarrollando un discurso propio, distinto al de su maestro.

Manolo Sanlúcar, al detectar un talento extraordinario en un joven Juan Carlos Romero, junto a su genial hermano Isidro, se encargó de una formación intensa y variada, que incluía todos los aspectos del arte: actividad concertista, composición, análisis y acompañamiento al cante, etc. El joven guitarrista actuó en innumerables espectáculos al lado de su maestro, llevando la segunda guitarra, al mismo tiempo que dirigía sus propios proyectos, componiendo, grabando y colaborando con otros artistas destacados, haciéndose conocer y respetar en círculos de público cada vez más amplios. La calidad de su trabajo llevó al Maestro Sanlúcar a comentar un día a Paco de Lucía: «¿Has oído hablar de Juan Carlos Romero? Si no, pronto oirás hablar de él». La profecía se cumplió: un día Paco pidió, a través de Isidro, una copia firmada del disco emblemático de Juan Carlos titulado «Agua Encendida».

La contribución de Juan Carlos Romero al lenguaje de la guitarra flamenca contemporánea ha sido importante y voluminosa: el artista amplió el uso de la armonía cuartal en este género y aportó nuevas escalas sintéticas, combinando fragmentos de modos diferentes para crear otros de sabores inesperados. Su farruca «El Tiempo», la granaína «¡Ay, Enrique!» o la siguiriya «La Hora Sin Remedio» se consideran verdaderas obras de arte, la cima de la expresión de cada una de estas formas. La sofisticación de su acompañamiento al cante no tiene parangón, y sus colaboraciones con cantaores excepcionales como Enrique Morente, Carmen Linares, Miguel Poveda, Estrella Morente, El Pele, José Mercé, La Susi, Arcángel, Marina Heredia, La Macanita, Diego Carrasco y muchos más quedarán en el panteón de las obras flamencas más bellas.

Las inquietudes creativas de Romero lo llevaron a salir de los límites del género al que dedicó su vida, el flamenco, y a componer obras más cercanas a lo que se denomina «el nacionalismo musical español», de una belleza y sofisticación inefables: «Se Canta Lo Que Se Pierde» (transcrita para piano por el brillante pianista y compositor Juan Carlos Garvayo, director del Trío Arbós), «Esa Nube Azul» u «Oleaje», o la marcha para la Macarena «Para llorar su pena»… La calidad de todas estas obras sitúa a Juan Carlos entre los compositores españoles más importantes de nuestro tiempo.

Pocos días antes de irse al Cielo, el Maestro Sanlúcar convocó a Juan Carlos a su casa para hablar de «algo importante». Lo recibió estando ya en la silla de ruedas, enfermo, frágil, pálido… pero con el mismo brillo intenso, vivo e inquieto de siempre en los ojos. Cogiendo las dos manos de Juan Carlos con las suyas, le pidió que se encargara de la Escuela que había ideado para la enseñanza y promoción del flamenco, diciendo que no podía irse de este mundo antes de oír el «sí» de Romero. Este, emocionado, conmovido casi hasta las lágrimas, asintió… La antorcha había pasado del Maestro a su discípulo predilecto. Pocos días después, el Maestro nos dejó. «Rex mortuus est, vivat rex».

Sin embargo, la vida sigue, sigue el arte, sigue la música, sigue el flamenco… Per aspera ad astra. La enseñanza del Maestro, su filosofía, su misión y su arte seguirán, personificados en su Escuela, que ha dejado en las mejores manos posibles: las de Juan Carlos Romero.

José Martínez Talavera

Presidente de la Fundación

Fundación Manolo Sanlúcar

Agradecimiento

El presente escrito es fruto de las conversaciones y reflexiones compartidas durante los últimos meses con el musicólogo y transcriptor Enrique Vargas, cuya valiosa y constante colaboración deseo agradecer expresamente. Su contribución está siendo fundamental para el desarrollo de este proyecto, de especial relevancia para nuestra Fundación y para la preservación, el estudio y la proyección de la guitarra flamenca.

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