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Instituto Internacional de Guitarra Flamenca · Fundación Manolo Sanlúcar
Manolo SanlúcarInstituto · IMS
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Opinión y Pensamiento · junio 2026

Sobre el Arte y la Materia

Con este título deseo invitar a la reflexión respecto a cómo podríamos o deberíamos relacionarnos con el Arte. Y cuál podría ser nuestra actitud para convivir con él y en él de la mejor manera posible.

Estamos convencidos de que el arte es un misterio que escapa al control humano. Este es el Arte como entidad espiritual, con naturaleza propia y, en principio, ajena a nosotros. Lo buscamos y, a veces, lo reconocemos cuando logramos plasmar unas míseras migajas de su esencia.

Quien tiene capacidad para ello lo presiente, conoce cuando se manifiesta, pero no controla un molde, esquema o sistema para crearlo. Aunque sí para diseñar la escuela, el cuerpo que pueda albergarlo o con-tenerlo cuando se hiciera presente. Y esta es su grandeza, porque en el momento en que se consiguiera sistematizar esta espiritualidad, el Arte desaparecería. Pues una obra, para que realmente sea artística, tiene que ser única.

Yo pienso que la obra de arte, y desde el artista, es un presentimiento consumado. Puede que sea más cosas, pero lo que pienso también lo es. Y si es así, en el momento en que se consumara se anularía cualquier posibilidad de que apareciera de nuevo ese mismo presentimiento creador que dio vida a la obra. Podría aparecer nuevamente, para añorarla, pero no para crearla porque ya está creada.

Se dice que el Arte es emoción, pero yo no estoy seguro de que esta definición sea totalmente acertada, aunque sí en parte.

Es cierto que el arte emociona, pero si, principalmente, fuera emoción, cualquiera que se emocionara ante una obra acreditaría la nobleza artística de la misma. Pero, ante una obra vulgar, el espectador con buen gusto no se emociona, en cambio el de mal gusto sí. ¿Es, entonces, este quien forma parte sustancial de lo que se determina y establece como Arte?

La mejor obra es la que se tiene en la mente sin ser parida. Porque en estado espiritual, la obra es perfecta.

Aunque la línea que separa ambos lados no esté absolutamente definida, sí lo están sus extremos.

Algunas obras que podríamos situar en uno de esos extremos podrían ser, además de las conocidas de aquellos genios, estas que cito de estos otros más lejanos o menos conocidos: "Concierto para orquesta" de Béla Bartók. "Fantasías" Concierto para guitarra y orquesta de cámara, de Luis de Pablo. Las más inspiradas de Ravi Shankar. Otras de Chick Corea y de Serrat… con las "Malagueñas" de Chacón y "Santiago y Santa Ana" de Manuel Torre.

Naturalmente solo son algunas de las que podría citar, pero estas expresan un buen ejemplo para este "extremo", que, para el otro, puede elegirlas usted mismo.

La obra de arte precisa para serla algo más que la emoción del espectador. Porque si no, y desde la emoción justificadora, no sería la obra en sí quien determinaría su condición y cualidades, sino el grado de emoción que el receptor expresara.

El Arte, aunque fuera atributo de dioses o entidad divina, se manifiesta a través de la materia humana. La persona lo recibe desde su mitad y condición espiritual, pero tiene que manifestarlo por medio de sus sentidos físicos. Por esto, siempre he dicho que la mejor obra es la que se tiene en la mente sin ser parida. Porque en estado espiritual, la obra es perfecta. Pero cuando es filtrada y expresada por la materia humana, sufre el desmejoro del tránsito.

Ante esta realidad, solo nos queda buscar la perfección de esta empresa tratando, con nuestro ahínco, de poner nuestra interpretación, que es humana, a nivel que pueda asimilarse a la que pudiéramos realizar cuando en sueños interpretamos.

Manolo Sanlúcar

Maestro · Obra inédita

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